miércoles, 20 de marzo de 2013

de Rayuela, capítulo 7.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca.

Voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar.
Hacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas con soberana libertad, por mí, para dibujarla con mi mano en tu cara y que por un azar que no busco comprender, coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope.
Nos miramos cada vez mas de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre si y se superponen y los ciclopes se miran respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente mordiendose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos, como si tuviesemos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura... y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultaneo del aliento, esa instantanea muerte es bella, y hay una sola saliva y un soloo sabor a fruta madura, y yo te siento teblar contra mí como una luna en el agua......

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