No buscaba enamorarme pero eso no importó porque aunque no lo buscaba, te encontré y no pude negarme.
Desde el primer día supe que serías especial aunque andaba un poco confusa, no sabía si sabría quererte porque desde hacía mucho lo andaba haciendo mal.
Que suerte saber amarte... que el mirarte cada día me haga más fuerte. Que cuanto más te quiero, me quiero más a mí. Que cuanto más te miro, más me pierdo en tus ojos azules. En tus doscientos modos de mirarme.
Son tus ansias de crecer conmigo lo que me asegura un precioso porvenir, querer construir una casa, o construir nuestra familia... es tu forma tan sana y sincera de quererme, de tratarme como a una auténtica princesa.
Y es por eso que siento celos de quien te tuvo antes, de quien pudo poner las manos en lo que es mío, en quien pude sentir (muy de lejos) lo que siento por tí.
Es tu cuerpo, tu mente, tus manos... a regañadientes también diré que tus pies... y tu voz, tus gestos, tu forma de andar... tu forma de reir, de repetir mis palabras de niña pequeña...
Me muero de placer cada vez que dices riendo lo bien que lo pasas conmigo... y me muero de amor cada vez que me dices que nuestras vidas ahora ya son diferentes y que ahora es momento de volcarse en la pareja.
Por todo esto... y por un millón de cosas más, te amo. TE AMO.
Quiero pasar mi vida contigo y eso lo sé bien cierto.
Gracias por ser tú, por oler así, por tocar así, por hablar así, por caminar así...
Por tu paz y tu guerra.
TE QUIERO.